Necesidades humanas universales

Muchos, a lo largo de la historia moderna, han tratado de encontrar una distinción universal para lo que llamamos naturaleza humana una palabra muy abierta estos días usada casi flagrantemente por la población. La pregunta sería: “¿Qué rasgos son universales a través de toda la especie humana?” No se puede realmente definir naturaleza humana sin que ese sea esencialmente el caso. En lugar de especular, que es lo que la gran mayoría del público hace.

La naturaleza humana en un sentido general, es por lo menos un conjunto de necesidades humanas inmutables que atraviesan la especie sin excepción. Necesidades que no solo gobiernan nuestra salud física (que es la primera cosa que la mayoría de la gente piensa cuando piensan en una necesidad humana como comida) pero puede en realidad provocar diferentes tendencias conductuales y fisiológicas predecibles que son bastante elusivas en el organismo que no son evidentes en el sentido de causalidad en el que pensamos típicamente.
Además, no son solo esas necesidades las que deben ser saciadas en un sentido tradicional de ‘alimentación’. Está también la necesidad muy real para todos nosotros de tener protección contra otras formas de estímulo que pueden corrompernos y distorsionarnos.

Como ciertos factores ambientales o sociales estresantes, por ejemplo, pueden crear profundas aunque inicialmente inadvertidas consecuencias en el desarrollo humano y es un hecho bastante incomprendido y menospreciado. Huelga decir que si no obtengo nutrición apropiada: agua, aire con el tiempo dejaré de existir. Si me expongo a substancias químicas tóxicas a mi biología, como ingerir mercurio probablemente me pondré muy enfermo o tendré daño cerebral permanente. Si sufro de seria deficiencia vitamínica de niño habría un resultado perjudicial predecible para mi salud personal como crecimiento atrofiado o inmunodeficiencia.

Las necesidades humanas no paran en ese nivel básico. Los humanos son organismos biopsicosociales lo que significa que somos afectados por nuestro ambiente, simbióticamente de manera muy sutil y compleja.

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Por ejemplo si una madre en la última etapa del embarazo sufre de estrés emocional extremo inundando su sistema con cortisol (una hormona del estrés) se podría predecir que el sistema nervioso de ese niño estaría comprometido de forma negativa por el resto de su vida porque el feto está en una etapa de aprendizaje de cómo es el mundo. Es una adaptabilidad evolutiva natural del organismo en crecimiento y es extremadamente importante en las etapas más tempranas, incluso en el útero. Esto pasa a través de la infancia y de la niñez también: un período crítico de desarrollo donde el organismo está literalmente siendo programado adaptado a la posible naturaleza del mundo en el que existe una impresión que, otra vez, se ha encontrado que se lleva por toda la vida de esa persona de cierta forma. Si ese período crítico se encuentra con un estrés negativo severo (sufrimiento, dolor, abuso) el desarrollo de ese niño como todos sabemos intuitivamente podría progresar en tendencias de comportamiento predecibles por lo que la ciencia nos ha enseñado propensiones como adicciones y violencia más tarde en la vida.

El punto aquí en relación a las necesidades humanas es que la salud física, mental y emocional de una persona ya no puede ser considerada un caso temporal aislado. Estamos social y medioambientalmente conectados y de una manera extremadamente real, multifacética.

Mientras la genética tiene su lugar obvio, es difícil negar ahora que la variación que vemos en la salud, enfermedad y comportamiento humano parece ser considerablemente el resultado de nuestro condicionamiento social y ambiental, resaltando cuando las necesidades humanas son satisfechas o no. Aunque es obvio que ocurre condicionamiento cultural cuando se trata de nuestras necesidades básicas y su gama se acentúa cuando esas impresiones son satisfechas o no cuando no obtenemos lo que necesitamos o se nos hace una imposición de algo que no se nos debería haber impuesto. El ciclo de vida en sí mismo (la pre programación, el pre aprendizaje que tenemos como organismo) tiene, a través del ciclo diferentes respuestas a esas necesidades. Naturalmente, mientras más joven eres, más grave será el efecto y continuará por el resto de tu vida el efecto será más severo. El problema por supuesto es que hay una falta general de reconocimiento del contexto biopsicosocial de las necesidades humanas y su profundo efecto en nosotros. Pasa esencialmente desapercibido por nuestro sistema educacional el sistema de prisiones, sin mencionar su contraste con un mundo competitivo económicamente impulsado por una mentalidad de independencia y egoísmo. Iría tan lejos como para decir que la idea central de ser responsable y preocuparse los unos por los otros o incluso por el medio ambiente en muchos niveles, es en realidad tratado con hostilidad y desprecio por muchos que han sido condicionados por el modelo actual.

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