Más bicicletas menos coches

Los ayuntamientos de los grandes y pequeños municipios deberían comprometerse en mayor medida con el uso cotidiano de la bicicleta por parte de sus vecinos. Se trata de que los poderes municipales apliquen medidas de estímulo para la sustitución del autómovil por la bicicleta, de modo que los ciclistas puedan circular por el trazado urbano con unas condiciones suficientes de seguridad y viabilidad.

La bicicleta es un medio de transporte como otro cualquiera y, en ese sentido, merece un espacio propio en los planes de tráfico diseñados por los municipios.

En realidad, la bicicleta no es sólo un medio de transporte más,sino que también constituye el más amigable con el entorno y la salud de los ciudadanos. Hasta la fecha se ha venido considerando oficialmente a la bicicleta como un instrumento pensado para el recreo y la diversión de las personas; pero este vehículo supone un modo de moverse por las localidades en muchos aspectos preferible al coche, la moto o el autobús.

CICLISTASEl uso cotidiano de la bicicleta renta al ciudadano particular y a la sociedad en su conjunto: supone un beneficio en lo que respecta a la salud del que da a los pedales y de los que respiran el aire de alrededor, y al mismo tiempo exige un menor gasto energético, es decir, un menor gasto económico tanto para el usuario como para el conjunto de los individuos.

Por todo ello, y en la idea de frenar la invasión automovilística, los ayuntamientos deberían fomentar programas que dispongan medidas como las siguientes: creación de aparcamientos seguros para las bicicletas en puntos estratégicos de las localidades, servicio de préstamo público de bicicletas, construcción de redes de carril-bici, posibilidad de entrar en los medios de transporte público con la bicicleta, etc.

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